29 de octubre de 2025

Estos pueden ser los riesgos de usar biochar sin el conocimiento necesario

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En los últimos años, el biochar se ha convertido en una palabra frecuente en las conversaciones sobre sostenibilidad y regeneración de suelos en las fincas de café.

Productores, técnicos y empresas han comenzado a interesarse en este material, un tipo de carbón vegetal obtenido a partir de residuos orgánicos mediante un proceso de pirólisis, por su capacidad para mejorar la fertilidad del suelo, secuestrar carbono y restaurar los ecosistemas.

Su creciente popularidad también ha despertado una preocupación. ¿Se está entendiendo realmente cómo funciona el biocarbón en el contexto del café? ¿Estamos repitiendo los errores de otras soluciones adoptadas sin suficiente análisis técnico?

Para evitar que la práctica del biochar termine convirtiéndose en un riesgo ambiental o productivo, hablé con Pedro Manga, líder global de prosperidad e impacto en Caravela Coffee.

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Productor de café

El biochar en los últimos años

Aunque hoy el biochar se presenta como una innovación dentro de la caficultura sostenible, su origen se remonta a prácticas ancestrales de las comunidades indígenas de la cuenca amazónica, que enriquecían los suelos mediante la incorporación de materiales carbonizados.

Con el paso del tiempo, ese saber tradicional fue reinterpretado y adaptado por la ciencia hasta llegar a su industrialización bajo el nombre de biochar. En términos físico-químicos, se obtiene a través de la pirólisis de materia orgánica: una degradación lenta de residuos vegetales a temperaturas medias y en ausencia de oxígeno. El resultado es una matriz porosa de carbono que funciona como una esponja natural capaz de retener agua, mejorar la estructura del suelo y liberar nutrientes de forma gradual.

En el mundo del café, el interés por esta práctica es relativamente reciente. Como explica Pedro, hace menos de una década apenas se hablaba de su aplicación en las fincas. Las primeras investigaciones documentadas provenían de ensayos en cultivos de café en África.

Hoy, sin embargo, su uso se ha expandido con fuerza en Latinoamérica, especialmente en Colombia. Esto, impulsado por el auge de la agricultura regenerativa, la neutralidad de carbono y la economía circular, que promueven el aprovechamiento integral de residuos agrícolas.

Beneficios en el cultivo del café

El biochar ofrece múltiples ventajas para la salud del suelo y la eficiencia productiva en las fincas de café. En la agricultura actual, se emplea como una enmienda orgánica para mejorar la fertilidad del suelo, aprovechar de forma sostenible la biomasa disponible en la finca y secuestrar carbono, contribuyendo a mitigar los efectos del cambio climático.

Su estructura porosa actúa como una matriz de soporte que mejora la retención de agua, favorece la aireación del suelo y promueve un mejor desarrollo de las raíces y la rizósfera, el espacio donde interactúan las raíces, los microorganismos y los nutrientes.

Además, cuando el biochar se activa correctamente, es decir, se inocula con compost, microorganismos o fertilizantes antes de aplicarlo, puede funcionar como un reservorio de nutrientes. Esto significa que los abonos quedan atrapados temporalmente en los poros del biochar y se liberan gradualmente a medida que las plantas los necesitan.

En los sistemas tradicionales, gran parte de los fertilizantes aplicados se pierden por lixiviación. Es decir, se lavan con el agua hacia capas profundas del suelo o hacia cuerpos subterráneos, sin ser aprovechados por las raíces. 

¿Qué efectos no considerados inicialmente puede traer el uso de biochar?

El biocarbón puede ser una herramienta valiosa para la caficultura sostenible, pero si se aplica sin el conocimiento y el control que requiere puede pasar de ser una solución a convertirse en una fuente de contaminación y pérdida productiva.

Pedro explica que uno de los principales riesgos surge cuando el biochar no se elabora bajo condiciones de pirólisis adecuadas, es decir, sin un control preciso de temperatura y en ausencia casi total de oxígeno. En muchos orígenes, especialmente aquellos que producen biochar de manera artesanal, el proceso se realiza mediante fogatas o reactores improvisados, donde la presencia de una llama visible indica combustión y no pirólisis. En esos casos, la biomasa no se transforma completamente en una matriz de carbono estable, sino que produce cenizas y residuos contaminantes.

Estos desechos pueden contener metales pesados, hidrocarburos aromáticos policíclicos y compuestos orgánicos volátiles. Todas esas sustancias tóxicas contaminan y reducen la capacidad de las raíces para absorber nutrientes. En lugar de mejorar la retención de agua y la fertilidad, el suelo puede terminar compactado, desequilibrado y con menor actividad microbiana. En consecuencia, afecta directamente el desarrollo del cafeto.

Además, la producción ineficiente o mal controlada del biochar puede liberar gases de efecto invernadero durante la combustión, lo que contradice su propósito inicial. Otro efecto poco considerado es el riesgo de sobredosificación. Aplicar grandes cantidades de biochar sin un análisis previo del suelo puede alterar su pH, modificar la disponibilidad de nutrientes y generar desequilibrios en la microbiota.

Material para producción de biochar

¿Qué deben considerar los productores en su implementación?

Antes de implementar esta técnica los productores deben comprender sus principios fundamentales, especialmente el proceso de pirólisis, dice Pedro. Este detalle técnico es crucial, ya que de él depende que el biocarbón conserve sus propiedades benéficas.

Por eso, los caficultores deben asegurarse de la calidad del proceso y de la transparencia del implementador. Es importante preguntar qué tipo de tecnología se utiliza. Si el sistema garantiza una pirólisis real y si existen datos comprobables sobre resultados en campo, más allá de anécdotas o promesas.

Asimismo, deben considerar que el biochar no es una solución universal ni inmediata. Su efectividad depende de factores como el tipo de suelo, las condiciones climáticas, la biomasa utilizada y la dosis aplicada.

“En África se ha venido utilizando y probando el biochar desde hace bastantes años. Hay pocos estudios que hablen en detrimento del efecto, sobre todo en mala producción y exceso de aplicación, pero son unos suelos, una agricultura, unas densidades de aplicación y de cultivo completamente diferentes a las que se manejan en Colombia”, agrega Pedro. 

El biochar no debe entenderse como una receta universal. Es una tecnología de manejo adaptativa que requiere conocimiento, monitoreo y ajustes según las condiciones de cada finca.

Pedro enfatiza que su implementación debe hacerse de manera gradual y responsable. “Lo que hacemos en nuestra finca de investigación y desarrollo es implementarla no en todo el cultivo sino en ciertas partes, variando las densidades y monitoreando el impacto con el tiempo”.

El llamado entonces no es a restringir su uso, sino a asegurar la transparencia en los procesos y evitar que una tecnología aún en fase de comprensión se presente como la respuesta a todos los desafíos productivos o ambientales. 

Compostaje de residuos agrícolas

Se necesita más profesionalización, estudio y análisis en el uso del biochar

El entusiasmo por el biochar ha ayudado a democratizar la conversación sobre suelos y carbono. A pesar de eso, sigue existiendo una gran brecha entre la práctica empírica y la evidencia científica.

Aunque su potencial es alto, Pedro advierte que la industria se está moviendo demasiado rápido hacia la comercialización y la reducción de costos, sin garantizar el rigor técnico necesario.

Hoy en día, explica, muchos esfuerzos se enfocan en abaratar la tecnología y vender créditos de carbono más caros. Esto puede llevar a una “espiral hacia abajo” si no se acompaña de control de calidad y verificación científica.

Hace falta mayor rigurosidad en la recolección de datos, los análisis de laboratorio y el seguimiento en campo por parte de los implementadores. Organizaciones como la International Biochar Initiative (IBI) establecen protocolos estrictos de producción y testeo que, si bien podrían limitar la escalabilidad inmediata, aseguran un uso responsable y seguro del material en los suelos.

Pedro propone encontrar un punto medio. Un modelo en el que se combine la escalabilidad con la transparencia y el monitoreo continuo, fomentando la colaboración, el intercambio de resultados y la generación de evidencia real sobre su impacto.

Por ejemplo, aún no existen suficientes estudios que permitan entender los impactos del biochar a largo plazo en suelos tropicales como los de Colombia, con sus distintas variedades de café, tipos de suelo y materias primas. La mayoría de los estudios actuales se han desarrollado en laboratorio o con plántulas, lo que deja muchos vacíos sobre su comportamiento real en campo. 

Biochar artesanal

Conclusiones finales

En la caficultura, el biochar representa una alternativa atractiva por su capacidad de aprovechar los residuos de las fincas, como la pulpa, la cáscara o los restos de poda, para producir un insumo que mejora la salud del suelo y reduce los costos de fertilización. A pesar de eso, su verdadero potencial solo se alcanza cuando se produce y aplica con conocimiento técnico, transparencia y seguimiento.

Más que una tendencia, el biochar debe entenderse como una herramienta que exige responsabilidad y aprendizaje continuo. Adoptarlo sin comprender sus fundamentos puede generar más problemas que beneficios. 

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PDG Español

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