20 de octubre de 2025

Cómo la producción de café puede ser politizada

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  • Más que un producto, el café es una herramienta muy politizada para el desarrollo económico
  • Coffee Alliance for Excellence (CAFE) de USAID aportará US $14 millones durante su asociación de siete años
  • ¿Los donantes extranjeros y los gobiernos están ayudando a los agricultores, impulsando sus propias agendas o ambas cosas?

Para algunos, el café es solo un “latte de especias de calabaza”, para otros es un tema profundamente politizado. 

El café se utiliza a menudo como herramienta para el desarrollo económico, la influencia política y el cambio social, moldeado por los intereses de los gobiernos, la ayuda internacional y los sistemas de comercio mundial. Estas dinámicas pueden tener importantes consecuencias políticas para los agricultores de los países productores.

La producción de café en los países en desarrollo está condicionada por organismos internacionales como USAID y el Banco Mundial, por ejemplo, que proporcionan financiación y apoyo técnico para impulsar la producción, la calidad y el acceso al mercado de los agricultores.

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Recolectores de café

No todo son buenas intenciones

El programa Farmer-to-Farmer (F2F) de USAID, activo en 11 países, conecta a voluntarios estadounidenses con agricultores locales para aumentar el rendimiento y promover prácticas sostenibles. A finales de 2024, su programa Coffee Alliance for Excellence en Perú movilizó un total de US $14 millones, con el respaldo del sector privado, para apoyar a pequeños productores de café. 

Con frecuencia se financian iniciativas, como NKG BLOOM y otros proyectos de desarrollo a gran escala, para alcanzar estos objetivos. A pesar de eso, la pregunta sigue siendo: ¿cuál es la motivación subyacente detrás de esas inversiones?

Karl Wienhold, investigador de la Universidad de Lisboa y autor de Cheap Coffee: Behind the Curtain of the Global Coffee Trade, señala que la ayuda internacional rara vez es un esfuerzo puramente altruista y que algunos de estos programas traen su propia agenda. 

El programa cafetero de USAID afirma explícitamente que uno de sus objetivos es ‘mitigar algunas de las causas fundamentales que impulsan la migración’ mediante la promoción de la expansión de la producción de café, así como ‘garantizar un suministro constante de café de calidad a Estados Unidos'”, afirma.

En colaboración con el Departamento de Defensa de Estados Unidos, estos programas parecen estar vinculados a una estrategia de seguridad nacional más amplia. Karl sostiene que a menudo sirven a intereses propios, aunque coincidan con las visiones de prosperidad de las comunidades cafeteras.

¿Un enfoque en los síntomas más que en la causa?

Los acuerdos comerciales y las certificaciones como Fairtrade influyen significativamente en la producción y las ventas de café. Si bien Fairtrade tiene como objetivo mejorar las condiciones y la sostenibilidad, su impacto real es objeto de debate y los críticos argumentan que simplemente redistribuye la riqueza para ayudar a los agricultores a sobrevivir, sin abordar las causas fundamentales de sus problemas.

Los programas de responsabilidad social corporativa (RSC) de las empresas privadas suelen seguir un patrón similar, tratando los síntomas, pero no la causa, y reforzando potencialmente la dependencia sistémica.

“Muchos programas excelentes para las relaciones públicas hacen poco por cambiar las causas fundamentales de la marginación de los agricultores“, afirma Karl. “Redistribuyen la riqueza justa para mantener a flote a los agricultores, garantizando el suministro, al tiempo que controlan sus acciones y fomentan la gratitud”.

La transferencia de riqueza y recursos del sur al norte, arraigada en el colonialismo, continúa con el café. Esta dinámica paternalista permite que el café sea explotado como una herramienta para mantener y amplificar ese desequilibrio.

“Debemos preguntarnos por qué los actores del norte en la parte final de la cadena siempre están en condiciones de ‘retribuir’, mientras las fases iniciales dependen constantemente de subsidios solo para seguir suministrando la materia prima que crea la riqueza en las fases posteriores”, afirma Karl.

El café como herramienta política

La politización del café se extiende más allá de la economía. Los gobiernos y los organismos internacionales lo consideran clave para el desarrollo rural y el comercio, y lo integran en la imagen de marca nacional. También, es un símbolo del patrimonio cultural y el orgullo nacional de muchos países. 

Para naciones como Colombia, Etiopía y Brasil, el café es una herramienta de poder blando en la escena mundial. Esto puede ser un riesgo para la soberanía, ya que los países intercambian el control de los recursos por préstamos y ayudas.

Los países prestamistas o donantes a veces aprovechan este poder blando ofreciendo ayuda y préstamos condicionados a la liberalización, lo que les permite a ellos y a sus empresas acceder a los recursos del país receptor de la financiación.

“Existe un vínculo directo entre los préstamos multilaterales, la ayuda exterior y la liberalización del comercio. Esto permite a las empresas transnacionales a extraer riqueza de los países del sur global que sacrificaron su soberanía a cambio de préstamos”, afirma Karl. “Afecta a todos los sectores, especialmente a las materias primas como el café”.

La importancia del café a menudo se extiende a ámbitos como la identidad nacional, la soberanía y la diplomacia internacional. Para los países productores, promover el café no solo consiste en aumentar los ingresos por exportaciones, sino en crear un discurso que afirme su lugar en la economía mundial.

Mano de obra cafetera

¿De dónde surgió?

Karl destaca que la ayuda internacional comenzó con la reconstrucción de Europa después de la guerra y evolucionó hasta convertirse en una herramienta de la Guerra Fría para alejar a las antiguas colonias del socialismo. El café pasó a formar parte de esta estrategia geopolítica. Los proyectos cafeteros actuales provienen de ese legado y, como señala Karl, rara vez son desinteresados.

“La ayuda o los préstamos internacionales posteriores a la Guerra Fría, que dependían de la liberalización económica, coincidieron con el auge del dominio de las empresas transnacionales y el capital financiero”, afirma. “Las agencias de ayuda y sus estrategias varían, pero a menudo han seguido ideas etnocéntricas de ‘desarrollo’ y han servido a agendas más amplias”.

El papel del café en la diplomacia internacional es evidente como parte de las narrativas globales sobre sostenibilidad. A medida que crece la demanda de productos de origen ético, los gobiernos y las empresas posicionan a sus sectores cafeteros como líderes en sostenibilidad.

Los críticos argumentan que estas iniciativas preservan el statu quo en lugar de reformar la cadena de suministro del café. En vez de abordar cuestiones más profundas, ofrecen soluciones superficiales.

“Dar un giro positivo a la actividad habitual sin abordar sus problemas solo sirve para protegerla del escrutinio y la regulación”, afirma Karl.

El apoyo a veces va acompañado de condiciones

La participación internacional y gubernamental en el sector cafetero conlleva tanto ventajas como inconvenientes para los productores. Por un lado, los programas de desarrollo ofrecen a los agricultores apoyo financiero, recursos y acceso a los mercados mundiales, además de subvenciones y mejoras en las infraestructuras que estabilizan las economías locales.

Por otro, estas intervenciones suelen crear dependencias, distorsionar los mercados locales y centrarse en beneficios a corto plazo, que a la larga perjudican a los agricultores. 

“Cuando el café es la principal fuente de divisas, existe presión para impulsar las exportaciones de formas que perjudican el bienestar de los agricultores”, afirma Karl. “Esto puede dar lugar a la consolidación de la tierra, al desplazamiento y a sistemas de producción que hacen que sean vulnerables a las crisis”.

Una cuestión clave es el desequilibrio de poder entre los pequeños caficultores y las grandes organizaciones, incluyendo donantes internacionales y las entidades de Comercio Justo. Si bien el objetivo del Comercio Justo es apoyar a los agricultores, en ocasiones se percibe como un mecanismo de control en lugar de empoderamiento. El apoyo condicional, como la imposición de nuevos métodos de producción, puede erosionar los lazos culturales y causar daños permanentes.

“Cuando los recursos se aceptan por necesidad, pueden alterar el comportamiento, debilitar los lazos comunitarios y crear problemas a largo plazo”, añade Karl.

Colaboración de profesionales del café

Conclusiones finales

La politización del café plantea preguntas fundamentales: ¿los donantes extranjeros y los gobiernos están realmente ayudando a los agricultores, promoviendo sus propios intereses, o ambas cosas?

Si bien la ayuda y los programas gubernamentales ofrecen beneficios a corto plazo, rara vez abordan las causas fundamentales de la pobreza y la desigualdad. Para los productores de café, navegar por este complejo panorama es un reto difícil, especialmente cuando los grandes actores de la industria ostentan el poder.

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Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.

PDG Español 

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