Gran parte de los residuos del café se producen en los países de destino, pero la carga recae en origen
En cada eslabón de la cadena del café, los residuos generados son diferentes. Por lo tanto, su disposición, aprovechamiento o reciclaje depende de su clasificación. A su vez, depende del grado de conciencia de los actores presentes en los procesos de producción, comercialización, transformación y consumo.
Adicionalmente, hay otros factores que intervienen en la gestión de residuos del café. Por ejemplo, la economía, el desarrollo de los países, las políticas gubernamentales, el mercado y las certificaciones.
En Latinoamérica el panorama es complejo debido a que gran parte de la comercialización del café está vinculada a políticas internacionales que regulan la exportación del producto a regiones como Europa, Estados Unidos, Japón o China.
Para conocer por qué la carga de los residuos recae sobre todo en origen y no en los países de destino, hablé con Edgar Mena, ingeniero químico especialista en tecnología ambiental y líder de servicios de análisis en Disagro, y Erika Sánchez, ingeniera civil especialista en construcción ambiental y dedicada a la investigación en cacao y café.
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Los residuos en la cadena de valor del café
Para Edgar, los primeros residuos generados en la cadena de valor se producen en finca, ya sea en la etapa productiva o en el proceso de beneficio húmedo. Además, se producen residuos en el trillado o beneficio seco, el tueste, el empaque, la transformación y el consumo.
Por ejemplo, en el caso del café verde a granel se encuentran como residuo los sacos o las bolsas de polipropileno. En los puntos de tostado y en cafeterías se ven otros residuos como empaques multicapas, cápsulas o desechables para llevar café.
Al final, cada etapa genera una cantidad de residuos diferentes, que se convierten en desafíos pero que también pueden ser vistos como oportunidades. Según Edgar, lo más importante es inclinarse siempre por una economía circular, que aborde toda la cadena, desde la producción hasta el consumo.
Erika, por su parte, afirma que un porcentaje muy alto de los residuos que se generan en la etapa productiva son aprovechables. Por ejemplo, en el caso del cacao, la cáscara puede ser transformada después de un proceso de pirólisis en biochar. Este producto se puede reincorporar a los cultivos para mejorar las propiedades químicas, físicas y biológicas del suelo.
Asimismo, según ella, es importante incluir a todos los actores presentes, desde el cultivador, el comercializador y los transformadores, con el fin de generar conciencia sobre los residuos del sistema.
Tipos de residuos generados
Para Erika, es clave hacer investigación e innovación tecnológica con cada uno de los residuos que se generan en la cadena de valor. Ella cuenta, que en el caso del cacao ha logrado producir a partir del mucílago y el mossto bebidas refrescantes, gomas y otros subproductos que sirven como ingreso adicional.
Edgar resalta que cuando se produce café, la parte aprovechada representa solo el 40 %. El resto son residuos que si no se gestionan de manera adecuada generan problemas de desechos y contaminación.
En la experiencia de Erika, el pergamino del café está siendo utilizado para la producción de papel y suelas de zapatos. A su vez, la borra de café se usa como abono orgánico para los cultivos. Lamentablemente, ninguna de las dos alternativas de reutilización es implementada de manera regular.
En la comercialización y transporte del café se produce un porcentaje importante de residuos con respecto a otras etapas. Se estima que el 10 % de los residuos generados en la cadena de valor del café está relacionada con los empaques. A pesar de eso, en este punto hay un cambio de actor y la responsabilidad de los residuos se encuentra en manos de los comercializadores.
Terminando la cadena del café, en la etapa más cercana a los consumidores finales, se generan residuos menos aprovechables. Por ejemplo, las cápsulas, los vasos desechables, los sobres de edulcorantes, las tapas o los mezcladores.
Para Erika, el tema de los empaques es uno de los puntos más difíciles, dado que los residuos como plástico y aluminio requieren procesos más complejos para su aprovechamiento. En consecuencia, es importante inclinarse por empaques biodegradables, derivados de productos orgánicos como el plástico de yuca u otras materias primas que se puedan descomponer fácilmente.

¿La mayor parte de los residuos se produce en los países de destino del café?
Para Edgar, cuando se habla de caficultores que ya han implementado buenas prácticas dentro del cultivo, como el compostaje o el tratamiento de aguas mieles, se puede decir que los residuos que quedan en los países productores son muy pocos, porque la mayoría es aprovechada. Por tanto, la mayor cantidad de residuos se estaría produciendo del lado de la cadena destinada al consumo.
Por ejemplo, un tostador ubicado en Europa, Asia o Estados Unidos es quien genera el producto final, el cual es empacado para su venta. Asimismo, quien vende el café preparado genera otros residuos como los desechables para el consumo y la borra del café. De no ser bien gestionados, se terminan convirtiendo en un problema ambiental.
Ahora bien, cuando se habla de productores que aún no han incorporado buenas prácticas en la producción de café, la generación de residuos es alta y el riesgo de daño al medioambiente es mayor. En este caso, la cadena de valor quedaría balanceada en la producción de residuos tanto para productores como consumidores. Aunque, la realidad es que es más fácil y se han gestionado mejor los residuos del lado de la producción, que de la parte del consumo.
Para Erika, aunque la balanza está más inclinada hacia el productor, es importante entender que la implementación de estas buenas prácticas y de las actividades relacionadas con la disminución de la contaminación, el impacto al medioambiente y la producción de residuos, son un esfuerzo que vale la pena dado el valor agregado que generan al producto.

¿Influye el poder económico y político?
Para Edgar, la cadena de valor del café está inmersa dentro de un contexto complejo. Por tanto, más allá de la intención que existe en los países consumidores de reducir las emisiones de carbono, la implementación de medidas relacionadas con este tema puede llegar a ser muy costosa. En consecuencia, es más fácil para ellos exigir que se implementen acciones en los países productores.
Esto es algo que sobrepasa la cadena del café, en general para los países consumidores la producción agrícola es uno de los principales emisores de gases efecto invernadero. Indiscutiblemente, todas estas políticas y exigencias están influenciadas por el poder económico y político de los países de destino del café, quienes al final son quienes tienen los recursos para el comprarlo.
Para Erika, más allá del poder, debe existir conciencia del impacto ambiental que se genera con el consumo. Esto debe ser parte integral de los consumidores al hacer sus compras y adquirir un producto final transformado.
¿La alternativa es repartir las responsabilidades?
Según Edgar, debe existir una colaboración entre países. Por ejemplo, las entidades nacionales deben impulsar nuevas tecnologías para la gestión adecuada de los residuos en la cadena de valor del café.
Existen muchas opciones en la actualidad, sin embargo, deben facilitarse a los productores por parte de los entes gubernamentales. Para él, falta mucha difusión de las alternativas tecnológicas de compostaje, co-compostaje y biodigestión que existen para la gestión de residuos.
Asimismo, debe haber una responsabilidad compartida, donde los países consumidores o en su defecto los actores de la cadena del lado del consumo, se concienticen sobre el tema. Aunque actualmente existen colaboraciones sobre todo en el tema de la regeneración de suelos, es importante recibir apoyo financiero para otros temas como tratamientos para el agua, la pulpa o el pergamino, que requieren inversiones del lado consumidor.
Para Erika, más allá de repartir responsabilidades, se debe crear una conexión entre los países consumidores y los productores. Debe existir una relación directa entre los productores y los transformadores. Así, se logra tener una trazabilidad completa desde la producción hasta la transformación.

Finalmente, el consumidor tiene la responsabilidad de velar y fomentar la adquisición de productos de calidad, trazables y generados bajos estándares que disminuyan el impacto negativo al medioambiente. Además, el debe poder identificar un producto con el que realmente apoye al productor. Para eso, es necesario educar al consumidor final sobre la realidad de los sistemas de producción y de los productores.
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Créditos de las imágenes: Erika Sánchez.
PDG Español
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