13 de marzo de 2025

¿Los tostadores de café están gentrificando las fincas en Colombia?

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  • Abastecerse de café de especialidad es cada vez más difícil
  • La compra de fincas de café descuidadas se ha convertido en una solución a largo plazo para quienes pueden invertir en ellas
  • Algunos advierten que esto podría conducir a una pérdida de cultura, pero si se aborda con tacto beneficiará al sector

La obtención de café de alta calidad nunca había sido un problema para los tostadores. Con pocos competidores y un amplio abanico de productores en busca de compradores, la idea de que el café de especialidad pudiera escasear era remota.

Hoy en día, sin embargo, una devastadora combinación de disturbios mundiales, cambio climático, escasez de contenedores, malas cosechas y un número cada vez mayor de jugadores en el mercado hace que los tostadores empiecen a tener dificultades para encontrar una fuente de suministro regular.

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Cultivo de café en Colombia

Una solución conflictiva 

A este problema se suma el aumento de los costos de producción para los agricultores, que han tenido que invertir más en productos como fertilizantes y mano de obra. Esto ha disparado los gastos, provocando que el antes accesible café de especialidad esté ahora fuera del alcance de muchos. A finales del 2022, algunos tostadores se quejaron de que los márgenes de beneficio ya se estaban reduciendo hasta el punto de ruptura.

Para algunos, la solución ha sido la integración vertical en forma de compra de fincas cafeteras, algo que las grandes empresas llevan años practicando. Por ejemplo, en 2013 Starbucks compró Hacienda Alsacia, una finca de 240 hectáreas en Costa Rica.

Puesto que las dificultades para abastecerse de café de alta calidad continúan, los agentes de mercado más pequeños también empiezan a ver esta solución como un movimiento empresarial viable. Aunque es ventajoso en lo que se refiere al suministro de café para los tostadores, existe la preocupación de que conlleve una pérdida de conocimiento y la gentrificación generalizada de la caficultura.

Renovar las fincas

El mantenimiento de las fincas de café no es una tarea sencilla. No solo exigen atención constante, desde la poda hasta el abono, sino que requieren considerables recursos y capital humano.

El aumento de los costos de producción ha provocado que muchas fincas hayan caído en desuso en los últimos años. Según estimaciones, unos 5,5 millones de pequeños caficultores de todo el mundo luchan por conservar sus tierras, mientras que muchos ya las han abandonado en busca de proyectos más rentables. Para las familias que han vivido y dependido de esas tierras durante generaciones, esto llega a ser devastador.

Aunque se debe hacer todo lo posible para que las fincas puedan salir adelante, a veces no es factible. Vender a tostadores con la intención de mantener el terreno y proporcionar unos ingresos sostenibles a quienes trabajan en él puede ser una buena solución.

Esto es lo que descubrió Johan Ekfeldt, director general de Gringo Nordic Roasters, una tostaduría de café de especialidad con sede en Suecia, cuando compró Finca La Tierra, un terreno de 10 hectáreas en Cauca, Colombia. Mientras visitaba a un amigo dueño de varias fincas en la región, lo llevaron a una que estaba descuidada y en mal estado. Enseguida decidió comprarla.

Una inversión a largo plazo

“El entonces propietario vivía en Cali y apenas se interesaba por la finca”, explica Johan. “Todo eran variedades comerciales. Tenía una gran cantidad de árboles, más de 30 000, pero el terreno estaba muy deteriorado. No se había cuidado en los últimos años. Tuvimos que talar muchos árboles y plantar nuevas variedades”.

Johan hizo varios viajes para adquirir algunas de las mejores variedades de Kenia, Etiopía, Panamá y otras partes de Colombia, que plantó en Finca La Tierra. Siempre ha mantenido una mentalidad abierta, buscando aprender más en lugar de imponer sus propias ideas.

“He trabajado en la industria del café durante más de 25 años y he visitado fincas de todo el mundo”, afirma. “Era hora de ensuciarme las manos. Es mucho más complejo de lo que uno podría imaginar. Incluso el pago a los recolectores implica mucha logística”.

“Hay que tener en cuenta muchas otras cosas. Si no tuviera a alguien presente ahí todo el tiempo y en quien confío 100 %, no funcionaría”.

Finca cafetera colombiana

“Sería un completo desastre”

Johan admite que, como tostador, tener una finca tan lejos de su sede en Suecia significa que su papel es predominantemente de asesor. Cata y puntúa los cafés, mientras se asegura de que todos los que trabajan en La Tierra reciban unos ingresos sostenibles. Más allá de eso, deja la gestión diaria de la finca en manos de quienes trabajan sobre el terreno.

A pesar de eso, sigue existiendo la preocupación de que, si la compra de fincas cafeteras se convierte en la norma, esto pueda eliminar el conocimiento acumulado por parte de generaciones de agricultores y provocar la pérdida de la cultura inherente a muchas regiones.

Por ejemplo, Green Coffee Company (GCC), con sede en Estados Unidos, posee 14 fincas en Colombia y afirma ser el “mayor productor de Arábica del mundo”. Si bien su misión es ayudar a sanear los terrenos en estado precario, se le ha acusado de eliminar la diversidad original en favor de una cartera de fincas que, aunque funcional, es homogénea.

Al mismo tiempo, existe el riesgo de perpetuar una dinámica neocolonialista en la cadena de suministro del café, en la que las empresas ricas occidentales imponen las condiciones a los productores. Johan ha tenido esto en cuenta y afirma que, sin su socio, hijo de un recolector de café, le costaría mucho sacar adelante la finca.

“Mi socio procede de esa comunidad”, dice. “La razón de que todo funcione es que él es muy respetado. Si yo trabajara ahí, sería un completo desastre. Nunca me respetarían. Tuve que hacer tres o cuatro viajes antes de siquiera sentir que me escuchaban. Por eso, es importante que, si los tostadores compran fincas, trabajen con aquellos que entienden y tienen el respeto de la comunidad”.

Un aporte complementario

Aun así, el papel de Johan es importante. Como tostador con amplia experiencia ha acumulado un profundo conocimiento sobre los consumidores y sus preferencias, y lo transmite a la finca para mejorar la calidad. Por ejemplo, aunque su socio sabe cómo cultivar café, no sabe cómo catarlo. De este modo, Johan suple sus carencias.

Dicho esto, los tostadores que compran fincas no deberían anticipar conseguir automáticamente la taza perfecta. Por el contrario, deberían verlo como una forma de compartir experiencia y recursos, permitiendo a los tostadores aprender tanto sobre cultivo como los productores pueden aprender sobre cata y tueste.

Cultivo de café

Starbucks afirma que esta fue la razón por la que compró Hacienda Alsacia: para comprender mejor los retos a los que se enfrentan los pequeños caficultores, como el aumento de los costos de producción, el cambio climático y los brotes de enfermedades, en lugar de decirles lo que tienen que hacer. Esperemos que Starbucks y personas como Johan sirvan de ejemplo para otros.

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Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.

Nota editorial: este artículo fue publicado originalmente en inglés en Coffee Intelligence

PDG Español

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